LA ANOMALÍA CAPITULO 2

Segundo capítulo del libro titulado "La Anomalía".

Jasm

2/16/20252 min read

(Imagen realizada con IA. Adobe photoshop)

Me escucho escribir “ahora mismo”; pero al mismo tiempo es como si ese ahora mismo hubiese comenzado hace mucho tiempo. ¿Cuánto? No sé determinarlo con precisión. Creo que cuando estaba terminando de escribir “El desguace” ese ahora mismo ya estaba siendo o, cuando menos, empezando. Da igual, aunque no da igual, pero en este momento me es lo mismo. Ya habrá tiempo para hurgar en la herida.

Como escribí en el capítulo anterior, desde niños nos enseñaron a distinguir el sueño de la pesadilla, una vida de ensueño de una vida de pesadilla. Y no había voluntad alguna de engañarnos. Éramos niños y teníamos toda la vida por delante y nuestros padres soñaban esa vida que tendríamos como la vida que ellos habían soñado tantas veces. No querían engañarnos, pero nadie nos advirtió sobre qué hacer cuando uno cree estar en la panza de la pesadilla, en los meandros angustiosos y tenaces del miedo y recuerda lo que aprendió de niño: abre los ojos y la pesadilla desaparecerá. Y abres los ojos y como en el cuento de Monterroso el dinosaurio sigue aquí. Nunca les pregunté qué debía hacer si secuestrado por la pesadilla abría los ojos y la pesadilla no terminaba.

Ahora siento que esto es el día a día de los días. Despertamos. Sabemos que estamos despiertos y que, poco a poco, las brumas del dormir se irán desprendiendo como jirones de niebla cuando el sol ataca con fuerza. Pero la radio, mientras me ducho, abre las venas del nuevo día, nuevo porque así lo dicta el calendario. Y luego será esa mirada somera a las páginas del primer diario que abriré hoy. Y la pesadilla cobra todavía más fuerza. Está entre nosotros. ¿Será que los sueños son eso de los que uno siempre se despierta cuando la realidad te llama y que las pesadillas son eso que está ahí cuando uno abandona el sueño y los sueños?

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (Monterroso)

Y esto tiene un nombre, esta situación puede ser nombrada y, por lo tanto, no es un delirio febril. Cuando al despertar abrimos los ojos para ser en la pesadilla no hay duda de que nos encontramos en una anomalía. La Anomalía se ha instalado entre nosotros

(continuará)