LA ANOMALÍA. UN ENSAYO POR ENTREGAS

La Anomalía es un pequeño ensayo que empecé a escribir sobre la realidad del tiempo que vivimos, nuestro hoy. Al final prefiero compartirlo en forma de post/capítulos

2/16/20252 min read

LA ANOMALÍA. 1 INTRO

Ya desde pequeños aprendemos qué son las pesadillas. Aprendemos a distinguir el sueño de la pesadilla, la pesadilla del sueño. Al niño que se despierta sobresaltado, envuelto en gritos y en sudor, su padre o su madre, al acudir hasta él, le cogen la mano, le acarician y le dicen con voz de nube algodonosa que no pasa nada, que todo está bien. "Tranquilo, solo era una pesadilla. Y ya se acabó. Ya ves, abres los ojos y eso que estaba ya no está. La pesadilla se termina cuando uno se despierta y abre los ojos". El niño mira con esos ojos que son universos en big bang y la voz que ha acudido en su auxilio y el beso en la frente y la sonrisa abrazadora le calman. "Duerme, pequeño –le dice la voz– y navega en un mar de sueños, plácidos como una mañana de primavera".

Aprendemos que una pesadilla es un accidente leve porque basta con abrir los ojos para que el dragón que estaba allí se disuelva en la inexistencia de lo que no es real. Se nos enseña a no temer a las pesadillas y a amar a los sueños, aunque sin excesos porque no vaya a ser que acabes siendo un soñador, un iluso al que la realidad no cesa de atropellarle. Una pesadilla es una fantasmagoría y estas, como todas las quimeras, por ejemplo los hircocervos no son reales. Más adelante, cuando el niño ya va siendo alguien que ya no huele a Nenuco y a talco, tal vez los padres completen el aprendizaje. “Mira –le dicen una tarde después de oler el miedo del niño mientras ven una peli de monstruos–, si has de temer a alguien o a algo no lo busques en la fantasía sino en la realidad, no te resguardes de lo que aparece en las películas sino de lo que sale en el telediario” El niño ya menos niño aprende, entonces, que la realidad es el lugar donde habitan los monstruos.

Y en el telediario aparecen personas, gente como él, como papá o como mamá. Carne y hueso parlante, gesticulante, que te mira, que te ofrece caramelos a la salida del cole… Y el niño aprende, entonces, que si alguien le puede ocasionar daño ese alguien no será un ser de papel y tinta, de píxeles, de celuloide sino alguien humano. Mucho tiempo después el niño que ya no lo es sabrá que ser humano es algo a lo que se accede por naturaleza, pero que luego uno, con sus valores y los actos que estos defienden, día a día todos los días de su vida deberá demostrar que se ha ganado la categoría de persona o que, por el contrario, se ha quedado estancado en el purgatorio de la gente o, peor aún, que se ha convertido en el infierno de los otros y por ello ha degenerado de ser humano en gentuza.

Todo esto lo vamos aprendiendo desde niños. También aprendemos que no es lo mismo decir he tenido un sueño que he tenido una pesadilla. Que no es lo mismo una vida de ensueño que una vida de pesadilla y que cuando alguien dice, derrochando verdad desde el gesto de su mirada y el tono crepuscular e invernal de su voz, lo de una vida de pesadilla no se está refiriendo, precisamente, a algo que es una mera fantasía a la que uno pone punto y final cuando abre los ojos.

CONTINUARÁ